Sello del Triángulo

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   La iniciación masónica en el Régimen Escocés Rectificado nos conduce desde el destino primero del Hombre, Adán, en la contemplación permanente de la Luz de la Verdad, a su estado actual caído, sujeto a la muerte, la enfermedad, el trabajo y las pasiones o vicios, y hacia su mañana, el del Hombre por fin reconciliado con Dios, reintegrado en la Fuente Original de la que fue emanado.

   Por ello aparece en nuestro sello, en primer plano, un libro abierto, sobre el que está apoyada una espada, y ello bajo la iluminación del Sol brillante.

   El libro, símbolo de la ciencia y de la sabiduría, y está abierto porque es una materia fecunda, que nos ofrece pensamientos y sentimientos. Este libro no es otro que el Evangelio. Nuestras Reuniones están siempre presididas por la Biblia abierta por el Prólogo del Evangelio de San Juan, puesto que el evangelio es la Ley del Masón, que debe meditar y seguir sin cesar. La elección del evangelio de San Juan para presidir nuestros trabajos no es casual, sino que se debe a que éste es el Evangelio que pone de manifiesto la encarnación del Verbo, presentando a Cristo como el Enviado descendido del cielo, del Padre (“Estas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida unidos a Él(Jn 20,30). Jesucristo es la segunda persona de la divinidad, como nos dice el credo niceno-constantinopolitano, “Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre” y nos revela la clave de la salvación del ser humano y el destino glorioso al que estamos destinados.

   La espada es símbolo de la fuerza que el Maestro Masón adquiere por la victoria sobre sus pasiones y la sumisión de su voluntad a las leyes de la Justicia. Es de esta forma como se ha de defender el Templo contra los ataques de la ignorancia y contra toda tentativa insidiosa. Igualmente es también símbolo de luz, ya que su hoja brilla, y es el signo de la fuerza de la Fe en la palabra de la verdad, sin la cual la Ley sola no sabría conducir al Masón a la Verdadera Luz, que es Cristo: “mientras estoy en el mundo, soy la Luz del mundo” (Jn 9:5)

   En Oriente está el paraíso que plantó Dios, como nos dice Cirilo de Jerusalén, recogiendo lo dicho en Gn 2, 8: “y Jehová plantó un huerto en Edén, al Oriente; y puso allí al hombre que había formado”. Como consecuencia de su crimen, el hombre fue expulsado de ese edén (Gn 3, 23), y, por lo tanto de Oriente.

   Sobre el Evangelio y la espada aparece un Sol, que simboliza el Oriente. En el Rito Escocés Rectificado, el Oriente es un lugar que pertenece al mundo celeste y al mundo espiritual. Es el Paraíso, el lugar del cielo en la tierra, donde estaba la residencia de Dios en la tierra primera y original, creada en Gn 1, 1 (“en el principio creó Dios los cielos y la tierra”) en todo el esplendor de su belleza, tal como salió de manos del Creador. Es el lugar por donde Dios se paseaba y donde el hombre cohabitaba con Dios y se encontraba con Dios. Estamos hablando del hombre primero y original, el “primer Adán” en su “estado primitivo glorioso”, donde, creado a imagen y semejanza divina, y en unión constante y perfecta con Dios, era copartícipe de la gloria divina.

   Expulsado Adán, Dios “puso al oriente del huerto del Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gn 3, 24). Se nos cerró la puerta de regreso a este Oriente, al que nosotros no podemos regresar si no es a través del Hijo.

   Por eso Oriente es la fuente y principio de la luz que busca el masón, donde opera la Justicia divina, y el lugar donde viajamos para buscar la verdadera Luz, una Luz que es “la primera vestimenta del alma”, y que es Cristo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la Luz de la vida” (Jn 8,12)

   Por último, aparece bordeando toda esta parte central un sector circular de color verde. El verde simboliza la fecundidad, la regeneración, la esperanza y la vida.  “Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:31-32)

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